Mercadillo Dekalb Market

Ayer miraba Instagram, i vi que Jessica Alba estaba en un mercadillo llamado Dekalb Market.

Confieso que jamás había oído hablar de el, y claro, si ella estaba allí, lo suyo era investigar un poco más al respecto.

Este singular mercadillo se encuentra en Brooklyn y es permanente, de lunes a domingo. Su mayor peculiaridad es que las paradas de vendedores, se encuentran dentro de containers de mercancias.

Podréis encontrar paradas de comida, ropa y objetos craft, e inclusive un huerto que rodea el mismo, y que es cuidado por grupos de la comunidad.

Los puestos de cerveza y vino, abren hasta medianoche, así que también se convierte en un buen sitio para salir a tomar algo.

El promotor del sitio, se ha vendido el terreno para que Century21 pueda construir su nuevo centro, así que el próximo otoño Dekalb Market será re-localizado, ya os tendré al día.

¿Era la única que no lo conocía? habéis estado?
En Mercadillo Dekalb Market podremos encontrar algunos puestos de venta de ropa, además alrededor de este mercado se encuentra un huerto que la misma gente de la comunidad lo cuida.

Entre los puestos también los hay que sirven comida y otros venden cervezas tradicionales y vino, suelen estar abiertos hasta la medianoche, así que este mercadillo se puede convertir en un punto de encuentro para salir a tomar algo.



Mercadillo Brooklyn Flea Market

No he tenido la suerte de visitarlo (todavía) y no se si me llama más la atención el mercadillo como tal o sus vistas, ya que tal y como he titulado a este artículo, puede ser el mercadillo de Nueva York con mejores vistas panorámicas de Manhattan.

El Flea Market se encuentra en Brooklyn, en el barrio de Williamsburg, y tiene la peculiaridad de poder ser visitado durante todos los fines de semana del año, a partir de las 10 de la mañana, ya que en los fríos meses de invierno (de Noviembre a Marzo) se celebrar en el interior de un recinto cerrado, ‘Williamsburg Savings Bank’, aunque sin duda su mayor atractivo es disfrutarlo en los meses que está instalado junto a la orilla del East River (de Abril a principios de Noviembre), desde donde se obtienen unas espectaculares vistas de Manhattan, por lo que la visita al Flea Market se está convirtiendo en todo un ritual para los turistas con el fin de tomar unas espectaculares fotografías junto al río y con Manhattan como invitado de fondo.

Quizás no sea el mercadillo más apto para realizar nuestras compras o cargarnos de souvenirs, ya que se trata de un mercado bastante atípico donde es fácil encontrar extravagantes ropas, gafas, jerseys de lana cosidos a mano (si, si, como esos que hacía tu abuela), antiguas ‘joyas’, música, cuadros, muebles y toda clase de antigüedades; en resumen, el paraíso para los hipsters, quienes acuden en masa a pasear por el Flea Market y lucir sus mejores galas.
Vistando el mercadillo de Williamsburg en Brooklyn me vino una historia a la cabeza. Cuando era pequeña, una vez volviendo de una visita a casa de mis abuelos en Connecticut, nos pillamos una caravana horrible en las montañas Pocono. El tráfico avanzaba por centímetros y mientras yo seguía haciendo mi cordón con hilos de colores en el asiento de atrás, mis padres intentaban desesperados encontrar algo en la radio, y todos sentados allí con las ventanas bajadas y las piernas pegándose al asiento. Fue un viaje típico de verano hasta que pasó algo tan memorable que este viaje se añadió a la lista de cuentos familiares que se cuentan una y otra vez. Llevábamos tiempo avanzando a paso de tortuga y el paisaje lo formaban mayormente rastrillos y “mercados del domingo.” cuando de repente una voz de un coche desconocido en otra parte de la carretera gritó “¡¡¡OTRO RASTRILLO NO!!!” Supongo que esa persona ya no podía más.
Me imagino que la mayor parte de mi interés en los rastrillos viene de las historias. Hay quienes les entusiasma encontrar un tesoro que llevan tiempo buscando o aprovechar para encontrar un chollo, pero a mí siempre me ha gustado rebuscar entre las cosas que algún desconocido ha decidido que no quiere o ya no necesita. ¿Qué pensaría aquel señor cuando compró las camisas hawaianas en su día? ¿En qué momento de la vida fue buena idea comprar un despertador con la forma del ratón Mickey? ¿Por qué esa persona tira un espejo tan bonito? Son historias, pequeñas partes de la vida de otra gente, expuestas en una mesa de naipes o al lado de la carretera. Hay algo medio triste y circular en todo aquello. La vida de los objetos y la gente a quien les pertenece
En todo caso, los rastrillos tienden a atraer una amplia audiencia y en Williamsburg, Brooklyn hay uno que incluye arte, comida y una vistas preciosas. Hablo, claro está, del Mercadillo de Williamsburg. Si vas a viajar a New York, cada domingo en Williamsburg justo al lado del río, se nos ofrece una vista espectacular de Manhattan. Hay una larga fila de vendedores de comida incluyendo sandwiches gourmet, helados, y rosquillas. Para deciros la verdad, fue difícil tomar una decisión acerca de qué comprar para un desayuno tipo brunch. Al final elegí una rosquilla de chocolate y caramelo a la sal que resultó ser tan deliciosa como complicada de comer, pero que valió la pena y los 3 dólares que me costó del bolsillo.
El Mercadillo de Williamsburg mismo es tan ecléctico como otros que he visto, con cosas tan dispares como una caja de dados que se había perdido de su juegos de mesa, una estatua de la libertad pintada de colores muy vivos, banderitas de universidades, tarros y ropa de segunda mano. Fue toda una delicia poder mirar las chapas antiguas, llaves maestras perdidas junto con bisutería y luego hablar con el hombre de las rosquillas. No tenía nada que ver con ese rastrillo que provocó el lamento del desconocido en la carretera de tantos años atrás.
Un poco más al este, el Mercadillo de Williamsburg continúa con el Brooklyn Artists and Fleas, dentro de un edificio que es una cruce entre una tienda de segunda mano y una feria de artistas. La nave estaba llena de moda extravagante, cuadernos hechos de materiales reciclados, camisetas con dichos irónicos, bisutería hecha a mano y todo entremedio. Fue un paraíso para el ojo y un “patio infantil” para todos los que les gusta contar y escuchar una historia bien contad
ElMercadillo de Williamsburg es una destino perfecto para un domingo soleado y hay muchos sitios para comer el brunch en la zona, así que si decides comprar y luego tomar algo, no hay problema. Sugiero que vayáis sin prisas ya que podéis disfrutar del parque y de la gente (después de todo es un rastrillo de domingo). Ruskomendamos el Mercadillo de Williamsburg con 5 boquerones porque mientras es posible que encuentres un tesoro nuevo, es un mercado único en New York que merece la pena en tu viaje fuera de Manhattan.



El Mercado de las Pulgas de Saint-Ouen

En aquel entonces, los concejales de París decidieron que los traperos y chamarileros ya no podrían trabajar sobre el territorio de la ciudad. Total atravesaron las últimas fortificaciones y se instalaron en los municipios limítrofes, a las puertas de la Capital.
En Saint-Ouen las exposiciones regulares de mercancías empezaron en 1880 pero la verdadera fecha de nacimiento del Mercado de las Pulgas es 1885.
Luego, el municipio de Saint-Ouen empieza a organizar el barrio y eso se concretriza de varias maneras: publican los primeros reglamentos de los mercados, adoquinan las calles principales y en algunas crean aceras. Pero todo eso tiene un precio y a partir de 1891 los comerciantes tienen que pagar una tasa para poder ejercer.

Al principio del siglo XX, varios periódicos publican reportajes sobre el mercado. Sugieren que en medio de este caos, algún coleccionista experto encontró piezas excepcionales. Entonces el sitio se puso de moda y empezó a atraer cada día más visitantes.

A partir de los años 1920 es cuando varios propetarios de terrenos crearon los primeros mercados: Vernaison, Malik y Biron.

Las Pulgas siguieron extendiéndose y en 1938 crearon el Mercado Jules Valles.

Ahora ocupan siete hectáreas, cuentan 2500 tiendas y si parecen soñolientas entre semana, acogen cada fín de semana más de 100.000 visitantes (Abren los sábados, domingos y lunes, de las 10 a las 18).

Era preciso protegir este lugar especial y en 2001 es cuando el Mercado de las Pulgas fue declarado "Zona de Protección del Patrimonio Arquitectural Urbano". Eso significa que cualquier transformación tendrá que respetar la identidad del sitio y limita los ataques de la especulación inmobiliaria.
Algunos puesteros dicen que el Mercado es una suerte de “museo comercial” porque tiene a la venta objetos de antaño y pueden contar la historia de aquello que venden. Son estudiosos y pueden dar detalles precisos acerca de cada pieza que tienen en sus puestos.

Es un ámbito de cultura, de expresión artística pero a la vez un centro comercial. Es un viaje en el túnel del tiempo porque tiene muchos objetos del siglo pasado conservados en perfecto estado o reciclados a nuevo
Este amplio galpón está subdividido en gran cantidad de puestos (alrededor de 150) atiborrados con todo tipo de mercancías. El lema de los puesteros es: “lo que estés buscando, nosotros lo tenemos”.

Tiene pasillos anchos para poder trasladarse sin problemas, sobre todo si compramos algún mueble de considerables dimensiones.

Entre los objetos que vamos a poder apreciar y comprar se destacan muebles de todo tipo y estilo (sillas, sillones, armarios, mesas de comer y mesas de luz, aparadores, arcones, etc.), lámparas y veladores, viejos electrodomésticos (televisores, radios, heladeras), vajilla, cristalería, platería, adornos, jarrones, espejos, esculturas, cuadros, espejos, carteles publicitarios, juguetes, instrumentos musicales, máquinas de escribir, máquinas de coser, bicicletas, diversos artículos de coleccionismo (fotos, postales, monedas, relojes, etc.) y todo aquello que creías perdido en el tiempo
Cuentan quienes conocen la historia de este mercado que su nombre se remonta a fines del siglo XVIII, cuando muchas personas recogían durante las noches los cachivaches y ropa que las familias de mayor poder adquisitivo desechaban porque ya no las necesitaban. Todo lo recolectado se vendía en un mercado, en puestos pequeños y como no eran tiempos en los que la higiene fuese primordial, no era de extrañar que los objetos llegaran con pulgas a la casa del comprador.

El predio actual ubicado en Dorrego y Álvarez Thomas, barrio de Palermo, está ocupado desde mediados del año pasado. Anteriormente, el mercado estaba ubicado en la clásica esquina de Niceto Vega y Dorrego.

El mercado remodelado es más amplio, con baños, galería de arte y todo se encuentra más organizado; cada puesto tiene un número y en varios pasillos hay carteles con un mapa del lugar para ubicarse. En cada puesto hay un teléfono y un nombre para ubicar al propietario o vendedor en cualquier momento. Los fines de semana son los días donde hay más pulgas (nombre de los puestos) y movimiento.

Para los que no pueden o no quieren comprar nada en el mercado, una buena idea es recorrerlo los fines de semana y sorprenderse con las cosas que comprar los demos y los usos que piensan darle a los objetos o muebles porque están usados y viejos, pero cada persona los imagina en distintos lugares y para distintos usos.

Para los puestos de antigüedades y restauración de muebles no se limitan sólo al mercado, que también los encontramos en los alrededores. El mercado, además, revitalizó y revalorizó la zona ya que, se instalaron varios bares y restaurantes y se construyeron edificios de departamentos y oficinas a los alrededores